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Historia de una foto

“Detrás de la fotografía y lo íntimo” por Lena Britter

Me parecía salvaje el simple hecho de mirarla, mis ojos se llenaban de una luz que no alcanzas a comprender y te ciega por instantes para después de parpadear ubicar su sonrisa debajo y me tomaba por sorpresa mientras me besaba la boca. Ella me miraba todas las mañanas con un singular destello que hacia contraste con las persianas que al amanecer danzaban en un compás de luz, sombras y viento. El tiempo se me detenía en el corazón y el mundo se volvía lento cuando se trataba de mirarla caminar. El ritual de observarla se convertía en mi momento favorito cuando de pronto ella subía su ropa interior por sus largas piernas blancas. Se colocaba el sostén con facilidad y después giraba el rostro sobre su hombro para mirarme con los ojos chocolate llenos de brillo, sonreía y yo solo veía sus mejillas y los ojos empequeñecerse como una pequeña niña después de haber hecho una travesura.

El aroma del café llegaba hasta la habitación y yo me quedaba por largos ratos mirando el techo con el pecho desnudo, sintiendo de a poco la calidez del sol que comenzaba a pegar en mi torso y en las manos. Sabía que ella venía de vuelta cuando su perfume de violetas me inundaba la nariz y dentro de mi se formaba un cúmulo de sensaciones y recuerdos con la mezcla de la mañana, el café y su cabello. Le encantaba dar vueltas después de usarlo debajo de sus orejas y rociar un poco más detrás de su cuello. Ella se reía como una loca y con el pelo despeinado me parecía aún más salvaje. A su vez todo en ella era tan íntimo como nuestro primer beso y como la dulce caricia que su dedo índice recorría en las noches de su insomnio sobre mi espalda.
Nos reíamos a carcajadas después de hacer el amor y me encantaba mirarla un poco más de cerca y a veces simplemente iba hasta el otro lado de la habitación para que yo pudiera verla mientras se acercaba y cantaba bajito un par de canciones de alguna película que le gustaba. Así era ella como estaciones del año y yo estaba perdido entre los periodos de tiempo, de clima y el correr de los meses. Yo sólo podía pensar en que vivir era saber su nombre y pronunciarlo cada tanto.

A ella le encantaba visitar un lago fuera de la ciudad donde apenas y estacionábamos el auto, ella corría como una pequeña niña y se desnudaba para entrar al agua y nadar mientras reía. Sabrá Dios de dónde había sacado una loca como ella, una figura espectacular que me dejaba boquiabierto el simple hecho de mirarla parpadear.

Aquella tarde en particular ella no reía, se había despertado silenciosa pidiéndome llevarla hasta el claro del lago. Era tarde ya y el atardecer nos besaba el retrovisor. Al llegar bajó más lento de lo habitual y se desnudó con la misma calma que nunca había mostrado. Me tardé un poco más al igual que ella en tratar de descifrar en dónde estaba lo extraño, de dónde había llegado tanto cambio a golpearme los ojos. Ella caminó despacio hasta el agua y se quedó mirando el horizonte tan quieta que sentí miedo de que se esfumase de ahí, como un recuerdo que te nubla la vista y huye desesperado de tu mente agitada. No quería parpadear por miedo a que se desvaneciera, así que después de un rato le saqué una fotografía. Ni siquiera la miré al instante, fue un simple roce el que hice a la cámara y después la tumbé a un lado mío. Corrí hacia donde ella estaba, aún con mi ropa encima y la abracé al instante en el que ella lloró en mi hombro. Estuvimos así hasta que el sol se ocultó y la brisa nocturna comenzaba a erizar su piel desnuda.

Nunca había sentido tal calor como cuando la sostuve en aquel momento. Días después ella me soltó la mano para decidir cambiar el rumbo de su destino y el mío. No había tristeza alguna y sólo ella podrá saber el motivo de sus acciones al separarse de mí. Pero yo tenía claro que su aroma a violetas y el atardecer de aquel día, iba a quedarse en el calor de mis sábanas y en el vaivén de las cortinas por las mañanas, para siempre.

Historia de una foto

Bernardo Aldana

Escrito por Lena Britter.


Fotografía por: Bernardo Aldana – Facebook

Paisaje Latente es una serie fotográfica personal, intimista, erótica. Parte del viaje que realicé a Alemania en el año 2015, en primera instancia, retrata mi convivencia amorosa en aquel país. Es mi evocación, aquello que es negado al olvido. La relación amorosa como punto de partida da el impulso para establecer una relación con la naturaleza, con el otro.
La naturaleza y lo salvaje como femenino y también como deseo. Ella se presenta salvaje al mostrar su intimidad: su casa, su cuerpo, su modo de relacionarse con el entorno natural y conmigo. Yo soy salvaje con mi mirada; la mirada que hurga, que descubre, que se emociona, que desea, que es la irrupción de la cámara entre las fibras íntimas que desvela cada imagen.
Aun cuando la cámara y quien mira a través de ella suponen poseer el control, la verdad es que siempre se pueden construir otras perspectivas, algunas más propias, aunque no por ello dejan de estar atravesadas por la cultura de la que uno parte.
Esta imagen se plantea como la panorámica de un imaginario que se presenta a nivel del piso, no es un panorama a vuelo de pájaro, como no lo es ninguna de las demás fotos. No es antropologizante, hay una complicidad siempre. El error que muestra dicha imagen da lugar a aquello incontrolado que no anula la potencia del resto, sino que la presenta como un mismo tejido de distinciones violentas; tal vez como algo parecido a la relación entre ambos mundos.
En un nivel documental, Paisaje Latente muestra que Latinoamérica es también cuando sale al exterior, que la mirada del latinoamericano en otros contextos histórico-político-sociales y personales, es un tema profundamente propio a nuestra parte del continente.


“Historia de una foto” es una columna dirigida por Lena Britter donde se pretende acercar al lector a la literatura por medio de una historia creada a partir de una fotografía.

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About the Author /

Creadora de historias y sonrisas, modelo ocasional de mis propias visiones. Adicta a los videojuegos. Mujer de viento y letras de mar.

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