Back
Viejo Barco Azul

“Detrás de la fotografía y el amor” por Lena Briter

est

1/30 seg f/5.6 55 mm ISO 400 CANON EOS REBEL SL1

La sensación no podía ser más estremecedora. Me senté fuera del café que solía frecuentar y encontré un anciano que miraba por la ventana, concentraba sus ojos cristalinos mientras con una media sonrisa melancólica observa al interior. Al principio creí que se trataba de mí, pero observé cómo sus ojos se paseaban por todos lados y al final se posaron sobre mis ojos llenos de consternación. La noche comenzaba a caer como una delicada manta alzada por el viento en verano y siendo depositada tan lentamente en el vaivén del panorama cubriendo todo a su alrededor. No sabía si sorber a mi café o seguir descifrando aquella mirada vieja.

Pasaron unos minutos hasta que el señor decidió entrar al interior del lugar, apenas se sentó dos mesas delante de mí. Quedamos de frente, él se quitó el sombrero, ordenó un café express y permaneció con las manos juntas sobre la mesa. Me inquietó un momento conocer la historia detrás de esa expresión, parecía una onda magnética lo que su avanzada edad y sus canas demostraban hacia las personas que lo observaran, al menos tan detenidamente como yo.

Noté que en uno de sus bolsillos tenía una especia de papeles con una pluma. Lo observé sacarlos de su escondite y comenzó a hojearlas. Sacó lo que parecía ser una pequeña fotografía vieja y mientras una sonrisa se formaba en su rostro, el café que había pedido minutos antes se lo entregaban interrumpiendo la magia que había experimentado de aquel según pensé sería un recuerdo. Le dedicó una sonrisa triste a la camarera y volvió a concentrar su vista en la foto, después la miró por detrás ya que parecía tener algunas letras escritas. No recuerdo haber parpadeado y la boca me quedó abierta al observar la expresión melancólica que me erizó cada poro. Hizo una especie de puchero y después soltó un par de lágrimas apenas visibles que se perdieron en la barba blanca. Tragué saliva y el sabor del café en mi boca se volvió amargado ante la imagen.

Desvié mi mirada cuando la suya me encontró urgando su espacio personal tan atentamente. Bajé el rostro, di un sorbo a mi café y continué con los apuntes que estaba haciendo en mi pequeña libreta. Sin darme apenas cuenta su voz sonó rasposa intentando recomponerse y me llamó: –Disculpa, señorita.

Creí que le hablaba a la camarera así que no presté mucha atención hasta que sentí alguien parado a un lado de mi mesa. Alcé el rostro nerviosa y al mirarlo con una media sonrisa le devolví el gesto con todas las fuerzas que tenía, no podía quitarme de la mente aquella imagen de sus lágrimas resbalar.

–¿Usted escribe?-me dijo.

Me puse un poco nerviosa y me encogí de hombros:–Me gusta hacerlo o al menos intento hacer lo mejor que puedo.

Él me dedicó una ligera risa: –Escritores, casi nunca reconocen serlo ¿Me puedo sentar?

Me reí un poco y le extendí la mano en señal de que podía acompañarme. El traía su pequeña taza de café en las manos temblorosas.

–Lamento la intromisión, pero pude notar que me observabas con cierta nostalgia, casi compartiendo lo que yo sentía. No todas las personas se quedan mirando a viejos como yo mientras hurgan en sus recuerdos de juventud y encima sentir la empatía natural de lo que representa la tristeza en un ser humano.
Me mordí el labio avergonzada.

–No te avergüences, muchacha. En realidad estoy diciendo que tu repentina candidez me ha hecho plantarme lo que llevaba pensando hace tiempo. Yo solía escribir cartas de amor ¿sabes? El recuerdo que me acongoja el corazón es la historia de un primer amor. Quisiera decirte ¿Podrías escribir mi historia?
Sentí que el corazón se detuvo ¿Escribir una historia de amor? ¿Yo? Casi brinqué de mi asiento y asentí muda. –Creo que nada me encantaría más, lamento haberme notado entrometida, pero con tal petición agradezco que lo haya hecho.

Llamó a la camarera después de dedicarme una sonrisa: –Más café por favor, creo que esto va a tomar su tiempo.

Ambos nos miramos y con una hoja en blanco y mi pluma en mano, suspiré.

 


Oscar Esteban también conocido como “Viejo Barco Azul” en instagram, suele tomar los momentos más insólitos y convertirlos en fotografías que puedes tener en un cuadro en tu pared. Cada gesto, sonrisa, mirada y acción pueden hacer de su fotografía una máquina transportadora a la realidad del momento en el que fue captada. Un alma aventurera que siempre está dispuesto a capturar las emociones de las personas, teniéndolas listas para hacernos sentir algo al mirarlas y conocer de trasfondo, cada una de sus historias de vida.

Instagram

Facebook

About the Author /

Creadora de historias y sonrisas, modelo ocasional de mis propias visiones. Adicta a los videojuegos. Mujer de viento y letras de mar.

Post a Comment